Deluxe, uno de mis grupos preferidos, inicia este viernes en Oviedo la presentación nacional de su disco "Renovación". El grupo pop logra el más difícil todavía. Dos discos en un año y para colmo, sorpresa. Porque Reconstrucción no es precisamente el bonus-disc presumible con los temas filtrados gratis en su web, sino otro golpe de audacia. El flamante e imprevisto nuevo álbum de este genio prolífico llama Xoel demuestra que se la suda bastante la crisis y la precariedad de la industria. No hay crisis que valga cuando dispones de calidad músical y el gran directo de Deluxe. Ya los disfruté una vez en La Riviera y volveré a hacerlo en cuanto regresen.
Hoy me ha sobresaltado la muerte de un paisano, amigo y maestro; el guionista Rafael Azcona. No llegué a conocerle en persona. Pero sí a través de sus película, que no es poco. Rafael Azcona siempre ha sido uno de mis grandes ejemplos a seguir. Este logroñés es uno de los grandes guionistas que ha dado el cine español. Seguramente el mejor. El cineasta fue el creador de la mayor parte de las películas más importantes del cine español de los últimos 50 años: 'El verdugo', 'Belle Epoque', 'La vaquilla' o 'La lengua de las mariposas' son algunos de sus trabajos. Le encantaban las historias de perdedores, tal vez por eso me gustaban tanto sus relatos, porque yo también tengo debilidad por ellos. Incluso puede que yo mismo sea un perdedor. ¿Quién sabe? Sólo se que hoy todos lo somos. Hemos perdido a Azcona. Ahora su obra habla por él.
Películas:
'El Club de la lucha' es una de las películas con mayor carga ideológica de los últimos años. Más allá de aquellos que puedan estar conformes o no con los planteamientos que refleja, sus diálogos son para tener en cuenta. A mí me parece una película estupenda. Digna de ver cada cierto tiempo para deleitarse con ella. Es la película preferida de mi amigo Benito... Y el tío Beni no es un 'don nadie'.
Personalmente considero que fefleja de forma muy gráfica la corriente que empuja a toda una generación cada vez más desengañada y perdida. Que vive por inercia, sin saber en qué medida es dueño de sus decisiones. Una colectivo mayoritario que necesita salir del convencionalismo de la sociedad para sentirse vivo. Se trata de no tener miedo a asumir lo ridículo de nuestra existencia, y tener el valor de regodearse en ello.
- "No somos nuestro trabajo. No somos nuestra cuenta corriente. No somos el coche que tenemos. No somos el contenido de nuestra cartera. No somos nuestros pantalones... Somos la mierda cantante y danzante del mundo".
- "Somos una generacion de hombres criados por mujeres, me pregunto si realmente otra mujer será la respuesta que necesitamos".
- "La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados.”
Llevaba mucho tiempo esperándolo. Por fin. Iván Ferreiro ha terminado ya su último disco 'Mentiroso mentiroso'. Ya lo tengo en mi poder y puedo admitir que es fantástico. Además, para los que no se quieran rascar el bolsillo, el gallego ha colgado las canciones en su página web -www.ivanferreiro.es- para todo el que quiera descargarlas. Una alegría para los bolsillos. Gracias Iván, te veré en directo.
Mentiroso mentiroso
Se encontraba desaparecido desde exámenes y me contó que no le habían ido tan bien como esperaba. En 4º de Periodismo y acostumbrado siempre a morar en la excelencia, este curso le estaba ocasionando más quebraderos de cabeza de lo habitual. O eso decía, pues, temendamente optimista con todo el mundo, mi amigo Antonio no podía evitar una intrínseca propensión al pesimismo propio. Esta mañana decidí llamarle. Quería cenar con él para que me pusiera al día de todo. Sin embargo, me resultó imposible localizarle. ¡Este chico nunca lleva el móvil encima! Así que le escribí un SMS y esperé su respuesta.
Con el atardecer me llegó su mensaje. Nos citamos a las diez en el McDonald`s -la economía manda-. Aparecí en el punto de encuentro con quince minutos de retraso, pero Antonio no es de los que echan en cara haberte esperado. Nos chocamos la mano a modo de saludo y entramos. Tras esperar en la cola, hice el pedido:
-Una Cheeseburger... ¿Antonio, qué quieres tú?
-Pídeme un tres por dos -así llama él a tres hamburgesas y dos raciones de patatas-.
Buscamos una mesa tranquila y empezamos a hablar. Se mostraba empeñado en que iba a suspender el examen de Historia del Pensamiento. Yo trataba de convencerle de lo contrario. Esto constituía una situación nueva para mí, pues siempre era él quién se encargaba de animarme. Desde que le conocí, hace algo más de dos años, Antonio se ha convertido en una especie de hermano mayor. Estar en un curso superior le ha permitido ayudarme y aconsejarme en multitud de ocasiones. En el fondo, él también esperaba aprobar la maldita asignatura. Nunca en su vida ha sacado menos de un cinco. Además, tiene uno de los expedientes más brillantes de su promoción. Cambiamos de tema. Ninguno de los dos quisimos continuar con ese dialogo de besugos.
De repente, me percaté de algo. El cuatrimestre recién empezado suponía el ultimo de Antonio entre nosotros, sus amigos. No es que me pillara de nuevas, pero nunca me había parado a pensarlo. El año que viene ya no estaría aquí. Diría adiós al McDonald`s y a su clásico y abusivo pedido de “tres por dos”. Cierto, siempre queda el teléfono. Pero ese frío aparato me privaría de su presencia. Añoraría sus miradas. Cómplices en ocasiones y de reprensión en otras, su fin era el mismo; llevarme por el buen camino. Sin embargo, en el fondo lo sentía más por él. Estos años en Pamplona siempre los ha definido como los mejores de su vida. En unos meses debería pasar página, deshacer la mochila y comprarse un maletín. Pasaría de la cómoda vida de estudiante a un mundo duro e incierto. Incluso resonaba ya en mi mente la voz de su jefe recriminándole un mínimo error.¡Antonio! Los horarios, flexibles ahora, se convertirían en eternas jornadas con el único premio de un mísero sueldo de becario.
Comencé a asustarme, como si tanto tiempo con él me estuviese convirtiendo en un pesimista. Lo cierto es que preferí dejar aquellos pensamientos flotando en mi mente. No tocaba hablar de cosas tristes. Le miré. Iba ya por su tercera hamburgesa, acompañada de agua para mantener la línea. Se limpió la incómoda gota de mostaza que resiste al abrigo del orificio interlabial y, casi sin levantar la vista de su comida, me preguntó: “¿Javi, en qué piensas?”.
- En nada, amigo.
A nadie se le escapa que el frío se ha marchado ya. Quizá no definitivamente, pero el sol ha empezado a formar parte de nuestras jornadas. Sus tenues rayos se filtran cada mañana por los huecos de la persiana dándonos los buenos días. Signos de primavera inundan, cada vez más, las calles. Atrás quedan los pesados chaquetones y los abrigados jerséis de punto confeccionados por nuestras ociosas abuelas. La moda manda. Y las camisetas, shorts y minifaldas -cuanto más cortas y coloridas mejor- se han apropiado de todos los armarios. No hay marcha atrás. Ha llegado el momento de demostrar que las ensaladas, las horas de ejercicio y aquellos yogures anunciados por José Coronado nos han servido para algo. Eso para los hedonistas, porque muchos otros no dudan en pasear sus lustrosas lorzas concienzudamente cultivadas al grito de "mozo, ponme otra tapita". Metrosexuales o fondones, lo cierto es que todos terminan reuniéndose en los parques al calor de la tarde.
Estos verdes enclaves, olvidados durante gran parte del año, se pueblan de vida y color. La gente acude a ellos cansada del sofá y el empalagoso hedor a telebasura. El aire puro limpia sus pulmones y elimina el estrés acumulado en el trabajo. Sin embargo, las motivaciones que llevan a la gente a los parques resultan muy variadas. Fruto de ellas encontramos una heterogénea fauna urbana. Convendría empezar por los ancianos, pues son los más fieles a estas zonas verdes. Cuando crean ver una estatua, fíjense en ella con detenimiento. Puede tratarse del mismo octogenario que está ahí sentado cada día; llueva, nieve o granice. Nuestros mayores sólo tienen una obsesión en la cabeza, su banco. Por alguna razón que no llego a alcanzar lo consideran de su propiedad y no permitirán jamás a ningún dominguero arrebatárselo. Cualquier elemento vivo o inerte que se interponga entre sus posaderas y el banco se arriesga a resultar brutalmente aniquilado. Así pues, tengan cuidado a la hora de elegir dónde se colocan si no quieren llevarse un garrotazo.
Ante este dominio de la vieja guardia, a los jóvenes sólo les queda una salida; tumbarse en el césped. Lo que en principio parece un incordio, no lo es tanto si se hace en compañía. Chicos y chicas se reúnen en círculos para criticar al profesor 'Bacterio', desgranar los últimos rumores de clase o, simplemente, flirtear. Éste último suele constituir el objetivo primordial de los varones. Para conseguir conquistar a su dama, los jóvenes machos de homo sapiens cuentan con una amplia gama de artimañas perfeccionadas a lo largo del tiempo. Entre ellas destaca la estrategia atlética. Ésta consiste en echar un partido de fútbol con los amigos desplegando los mejores pases, regatees y chuts con el fin de impresionar al mercado femenino. ¿Qué señorita no perdería la cabeza por un macho chorreando sudor por todas partes? Los más valientes incluso optan por despojarse de sus camisetas y mostrar su torso desnudo -para algo van al gimnasio-. Sin embargo, una nueva tendencia ha acudido en ayuda de todos aquellos chicos poco habilidosos con el balón en los pies. Se trata de lo que yo llamaría técnica Fran Perea. Lo único necesario para llevarla a cabo es una guitarra, unos timbales o cualquier otro tipo de instrumento musical -cuanto más exótico mejor-. Con este procedimiento, poco importa la fealdad propia o lo mal que se toque, las chicas vendrán como rosquillas.
En un último grupo nos encontramos con los intelectuales. Hablamos de personas entregadas al conocimiento que no pueden salir de casa sin un libro o unos apuntes de clase. Esta especie resulta particularmente peligrosa, pues su metódico trabajo no permite disfrutar a los demás. Constituyen una fuente de malestar para quienes han dejado aparcados sus quehaceres con la intención de relajarse un rato. Nos recuerdan lo vagos que somos. Además, parecen haberse ganado el beneplácito de los ancianos, pues les ceden su espacio en los bancos. Si les permitimos adueñarse de nuestros parques nos quedaremos sin un esencial refugio, ajeno al trabajo, necesario para todos. Por ello, si sentados en el césped observan a alguien estudiando un libro de Fisiología Vegetal o subrayando los apuntes de Historia del Periodismo, no lo duden, es un empollón. Échenlo. Su sitio está en la biblioteca.
Suelo ser bastante cauto en asuntos de cine. Sin embargo, cuando oí hablar de esta película y de su argumento me froté las manos ansioso por verla. Auguraba una buena sesión de miedo y palomitas… Las palomitas estaban buenas. Se trata de lo que yo llamó una película "pirámide invertida"; muy buen planteamiento inicial que se va desfondando a medida que avanza la historia. El poso que queda al finalizar es "lo que pudo haber sido y no fue". Más sangre de la necesaria y demasiado explícita. Como en muchas otras películas, The Descent entre ellas, es perfecta hasta que aparecen los antagonistas. Todo un ejemplo de cómo estropear una buena idea. Del final ni hablo, es la guinda al 'pastel'.

Admiro a Wes Anderson. Sus películas manejan el binomio comedia y drama de una forma que en ningún otro director he podido percibir antes. Son historias enternecedoras, entrañables, sensibles y profundas. Las observo de la misma manera que una amante madre mira a su pequeño hijo montar en bici por primera vez, temiendo que caiga y consciente de su indefensión. Absolutamente conmovedoras. A pesar de ello, mentiría si digo que no por eso resultan menos ridículas, grotescas e hilarantes. Sus extravagantes historias son llevadas al absurdo en la mayor parte de los casos.
Pensando fríamente las tramas que narra Wes Anderson son absolutamente caóticas y retorcidas. Las condensa hasta el extremo de lo ilógico. Sin embargo, en un amante al cine no cabe el desapego, y menos el pensamiento frío. Por ello, al ver películas como The Life Aquatic o Rushmore no puedo evitar tener ese sentimiento esquizofrénico de risa y desasosiego a la vez.
Filmografía:
The Darjeeling Limited (2007), Hotel Chevalier (2007), Life Aquatic (2004), The Royal Tenenbaums (2001), Academia Rushmore (1998), Bottle Rocket (1996)